febrero 03, 2010

Abusos en barandilla

En casa siempre hay sitios favoritos o temibles o tan usados que pareciera que es
normal que estén ahí y que se quedarán por siempre.
Eso sucedía con ese pobre pasamanos de madera, que era usado para todo menos para
recargarse al subir o bajar las escaleras, a excepción del padre de familia, pero que
al apoyarse tanto en él parecía que se vendría abajo con todo y su abusivo usuario.
Los jóvenes integrantes de la familia nunca apoyaron la mano en él, sino sus muy
usadas pompas. Con mucho equilibrio se sentaban sobre la madera y se dejaban resbalar
hasta el descanso de la escalera, al que llegaban de un brinco. Acto seguido bajaban
dos o tres escalones más y repetían la hazaña con la siguiente baranda.
Cuando parecía que ese día el equilibrio no estaba de su parte, optaban por cruzar una
pierna hacia el abismo y cabalgar el pasamanos escaleras abajo, pues era más sencillo,
rápido y divertido bajar por ahí que tener que descender a pie los 14 escalones.
En una tarde lluviosa y aburrida, una chica alocada halló un columpio hecho cuando
cursaba el tercer año de jardín de niños, con la reverenciada y amada miss Vicky. Era
una simple tabla con un agujero en medio por el que pasaba una cuerda con un nudo.
¿Para qué complicarse más en su elaboración, si los niños juegan hasta con el pasto
cortado?
Aquella escuincla ideó columpiarse en su nunca usado columpio y ¿qué mejor lugar
dentro de la casa que atarlo al famoso pasamanos? Lo amarró desde la pata de arriba y
lo dejó caer sobre los últimos escalones de la escalera de piedra, en el piso de abajo.
Y a mecerse he dicho. Se empujaba de los escalones y cuidaba de siempre quedar frente
a ellos para no estampar su figura en la piedra, pero nunca pensó que con tanto
empujón se aflojaría la cuerda.
En una de esas balanceadas aquella chica quedó sentada en un escalón. Lo malo no fue
el sentón sino que por el golpe contra la piedra aquel recién estrenado columpio se
rompió; habría qué buscar otra diversión.
No hay mejor momento para dejar salir la alegría cuando los padres se van. Y hete aquí
que las cinco hermanas aprovecharon una ida al mercado de su madre para quitar sábanas
y cobijas a una de sus camas, sacar el colchón al pasillo, doblarlo por la mitad y
meter en aquel improvisado sándwich a la que gritó más fuerte.
Las dos mayores agarraron las esquinas del colchón que quedaban hacia abajo, mientras
el relleno humano se aseguraba de mantener las otras dos esquinas bien aseguradas para
que no se fuera a abrir ni a salir disparada.
Los escalones de piedra eran geniales para resbalar aquel emparedado humano, que era
jalado escaleras abajo por las dos niñas convertidas en perros de trineo y que no
paraban hasta dos pisos más abajo, mientras las otras chiquillas corrían detrás de
ellas y la barandilla se estremecía.
Así fue usado una y otra vez hasta que los canes que empujaban su colchón se cansaron
de correr... o tal vez hasta que oyeron la bocina del auto sonar, en una conocida
llamada de los padres para que ayudaran a meter las mercancías recién compradas.
Aunque la barandilla tuvo usos más comunes como tendedero, entrada al más allá (sobrenombre del cuarto de Cristina) y túnel del tiempo, lo cierto es que no siempre fue un buen aliado.
En ese lugar hubo los consabidos resbalones, gritos, peleas, aventones, provocaciones de “a ver quién salta más escalones”, tropezones e incluso la más traviesa perdió varios pedazos de dientes en diferentes porrazos.
Sin embargo el golpe mayor fue cuando aquella bebita con cuatro mechas por cabello se asomó por entre los agujeros y el peso de su cabecita fue atraído por la gravedad. Cayó de testa un piso y se estrelló contra el primer escalón, lo que le provocó una factura en el cráneo y el terror familiar.
Una vez pasado el susto, seis días de tormento para una tía que se ofreció a cargar a la pequeña sin parar para que no tuviera daños mayores y prohibiciones explícitas para que los niños no malusaran las escaleras, la calma y los abusos regresaron a la normalidad.

septiembre 12, 2009

Para jugar en la vida

Está sucio, medio deformado por años de cargar la cabeza de una niña dormida y de aguantar toda clase de vapuleos y maltratos-cariños, no tiene ojos y en algunos sitios se le ve las costuras abiertas y el relleno apenas saliendo.
Su original color azul desapareció hace muchos años y se convirtió en una mezcla de azul desteñido, tierra de muchos años y no sé cuántas manchas de lo que puedan imaginar que ni las esporádicas lavadas han logrado quitar. Creo que la mejor forma de describir ese color es: percudido, nada más.
Y aún así, pese a todo su desgaste, se mantiene firme y seguro en lo alto del librero, mirando pasar el tiempo y cómo su antigua dueña, acelerada, juguetona, tímida y activa crece y hace su propia familia.
Algunos compañeros están con él, en las alturas, viendo la vida pasar sin esperar cambios notorios. Al conejo Remi lo acompañan Ben, el oso inglés; Good, el oso gringo regalo de una amiga a la que sólo he visto una vez en la vida; un robot regalo de mi abuelito que dejó pronto de echar humo y caminar pero que es un tesoro que no quiero perder.
También viven allá arriba un changuito rosa que me dio en un cumpleaños mi primer ahijado... le bautizó como Diego, que era el recién nacido en turno, pero en verdad nunca supe cómo ponerle; el reno Blitzer que me regaló Montse en una Navidad y el que fuera el juguete más amado de Bor durante muchos años: su amado ratón, aunque luego fue destronado por su Garbage... ups, perdón, su Cabbage Patch.
Sin embargo creo que en ese sitio de honor también podrían estar una alcancía que me regalaron en Serfín hace mil años por ahorrar más que todas mis compañeras en el Paseo. Era un búho morado con birrete... me costó trabajo deshacerme de él, sobre todo porque estaba en muy buenas condiciones, pero era el momento de irse.
También colocaría ahí un tren que me dio mi abuelito, quien siempre supo entender que prefería una pelota a una muñeca y unos patines a un juego de té... ¡gracias!
Supongo que un día también llegará a ese lugar mi famoso Memo. Ya sé, ya sé que originalmente se llama Elmo, pero cuando apareció en casa los sobrinos lo bautizaron así, con el nombre de su abuelo paterno, don Memo. Así que mexicanizó su nombre y se convirtió en apoyo, compañero y refugio de los chiquillos. Sin embargo su valor no reside en ese hecho, sino en que fue el último muñeco que me regaló mi papá.
Al principio no creería que ese mono rojo de manos y patas largas y con nariz naranja podría hacer feliz a una joven de veintitantos (no digo la edad precisa porque no lo recuerdo, calculo que serían 28 o 30), y aunque sí me gustaba el muñeco fue el hecho de que me lo diera él en la mejor fecha del año lo que lo convirtió en el favorito.
También recuerdo otros muñecos que podrían acompañar a Remi, Ben y Memo, aunque sean ajenos: la citada Garbage, una negrita cucurumbé que pertenecía a Jo, el Micheloso de Cris y su familia de pericos y cotorros (Cracovio, Varsovio y Cayetano Zakopane), la sufrida muñeca de Mon (cuánto aguantó), las máscaras de luchadores de Pablo y la bicileta de Gualusilla.
Recuerdo también al oso de Alfonso, que muchísimos años fue intocable y le causó mil lágrimas su desaparición, así como el pitufo de Marita, el Toso de Pau, los carritos de Diego con su infaltable “Macuin” (en lo personal prefiero el auto de Batman que le dio su padrino), las bebés de Anita y muchos, muchos más.
Seguramente los dueñas pondrían a esos juguetes y otros más en el sitio de honor, pero para mí esos son los más representativos de mi infancia y la de mis familiares... ¿tú a quién pondrías?

julio 23, 2009

Veinte años y más de siete vidas

Llegó a casa escondida en una mochila, con no más de una semana de nacida y mucha hambre, como se comprobó en su primera aparición pública ante la dueña del hogar cuando un ratón seguramente de su misma edad pasó corriendo frente a ella.
Aunque se había dicho que no habría más gatos en la casa, sobre todo después de algunos tan memorables como Morgan, D'Artagnan, Cocas y el efímero Sambigliong, por sólo citar “los buenos”, no hubo más remedio que darle cabida en ese cuasimanicomio.
¿Quién iba a creer que el nuevo individuo flaco, largo, testarudo y vestido de gala iba a entrar en ese selecto grupo y que viviría más, mucho más que todos sus antecesores?
Lo que es aún más asombroso es que a sus ahora casi 20 años, esa gata negra de mentón, pecho y patas blancas ha logrado sobrevivir a dos seudodefensoras de los derechos de SU animal, a la que le cortaron el pelo de la cola para que quedara como un chorizo, al igual que los bigotes “porque los tenía muy largo”e intentaron quitarle “esas basuritas que tiene bajo las patas”, afortunadamente sin éxito.
Esas dos “súper defensoras” la bañaban con champú y acondicionador para que tuviera un pelo brillante y suave; también se metían en una pelea de perros y gatos cuando la creían en peligro, con el esperado desenlase de un par de locas mordidas y vacunadas... y una gata a salvo.
También debió enfrentar a una iracunda adolescente con quién sabe que rencor contra la recién llegada, con la que se desquitaba a patadas hasta que fue amenazada con recibir de alguna hermana el mismo castigo que ella recetaba a Ken.
Su nombre no va acorde con las costumbres hogareñas de dar a las mascotas nombres de aventureros, espadachines, piratas; no sé a quién se le ocurrió, no sé porqué aceptaron algo tan ridículo, no sé porqué no imperó la razón, pero finalmente fue bautizada (sí, fue bautizada por niñas católicas amantes de sus gatos) como Que-negra-estás, o simplemente Ken. o Kenuchis para los más allegados.
Pero vivir en esa casa tuvo sus consecuencias. Se volvió tan caprichosa que aunque estuviera abierta la puerta, ella exigía a maullidos que se le dejara salir a través de una ventana: también se le vio varias veces arrojarse de una ventana hacia el jardin... piso y medio abajo.
Los perros de la zona le temían. En la casa del vecino de enfrente iba a bravuconear y hostigar a un can alto, negro y fuerte que encerraban en el garage. Silenciosamente Ken se subía a una barda y de imprevisto saltaba sobre el lomo del perro, le clavaba las uñas y luego regresaba al resguardo del muro y caminaba presumida de su hazaña mientras el perro enloquecía abajo.
También era sabido que aquel otro cánido que semejaba a un Alaska, aunque nunca quedó mejor dicho que era un A-las-ca-lles (de mi cuadra); creo que vivía atemorizado y salía corriendo al ver al temido felino acercarse. Ken se acostaba justo donde el perro había estado antes, sobre todo si era debajo del durazno.
Y si los perros le temían, hemos de reconocer que algunos vecinos lo odiaban, no sin razón. Imagínense la cara de mi madre cuando la señora de enfrente le contó que esa Nochebuena no comieron pavo porque el que habían preparado desde hacía dos días fue hallado en la mesa de su comedor con un invasor vestido de frac encima que cenaba sin la familia anfitriona.
Loca, provocativa, precoz, cazadora astuta, aventurera, callejera, perseguida, abusiva, manipuladora y maniática, Kenuchis llega a una edad inverosímil para un gato doméstico, que usualmente viven de 12 a 15 años; mucho tiempo ha que ocupó y tiró sus siete vidas.
No sé cuánto tiempo vivirá, pero es obvio que por más cuidada que esté ya no será mucho más. Por ello va este pequeño recuerdo para esa gran bribona que nos ha acompañado en nuestras andanzas con más garbo e inteligencia que cualquiera de sus congéneres... y de los míos.

julio 16, 2009

aprendizaje lingüístico a domicilio

En los últimos dos años y medio he debido aprender, muchas veces entre risas y otras en mera defensa propia, una gran cantidad de palabras que yo no sé si realmente existan, son invento familiar o simplemente surgen de la necesidad de decir algo sin que los demás se sientan agredidos, ofendidos o siquiera aludidos.
Ya antes había pensado hacer una lista con aquellos términos que mis padres decían frecuentemente y que muchos años después caímos en cuenta que los extraños al círculo familiar no comprendían.
No teníamos empacho en pedir en un restaurante "¿me da las simiricutanzas?" para acompañar al pozole, en lugar de tener que solicitar rábanos, cebolla, orégano, chile piquín y demás especies que suele usarse en dicho guisado... eran demasiadas palabras cuando una sola podía englobarlas.
También hacíamos burla cuando a las dos de la mañana el pater familia exigía su "piscolabis", que bien a bien no sabíamos si significaba "el bis" de la cena, un alimento entre comidas, un tentempie o simplemente el apodo dado a su gula.
Las "pichanchas", en cambio, eran todas esas cosillas que tenían alguna utilidad para la mecánica, la plomería, las reparaciones caseras, las herramientas de la bienamada "Rodolfina", los utensilios de jardinería y demás piezas para arreglar que seguramente tienen nombres particulares como llave, martillo, pinza, pala, rondana y empaque. Pero en este caso mi madre las sintetizaba en "pichanchas"... mejor si se trataba de piezas pequeñas.
Pero, como les decía, mi acervo lingüístico aumentó cuando conocía al ahora afamado "Yus", quien es capaz de mandar a todos a la "jojornia" sin el menor empacho; de extender la polisémica "pichancha" a la más genérica y ambiciosa "tarugada", y de expresar su desdén con la emblemática frase "no, pues miau".
El chico no se conforma con apodar a los objetos o seres con los que se topa en su camino; no, ha de dirigir sus misiles también contra sus nuevos familiares como "la Murci", "el Engendro", "el Gnomo", "la banda de los Pacos" y "la Número uno, uno, uno".
Eso además de agregar algún calificativo misterioso como "de po" para todo lo que considere una "po"-rquería. Si las cosas son peores dirá que está putrefacto.
Como me sabe alérgica a las vulgaridades y a las groserías no le ha quedado más remedio que sintetizar sus frustaciones con frases como "está de la efe" (aunque es más grave si está de la efe jojornia) o de plano hablar en inglés, que entiendo perfectamente pero prefiero reírme de cosas como “caca de toro” que enfadarme con otros términos.
Seguro hay muchísimas palabras más que el uso cotidiano las han hecho normales y comprensibles, pero describir cada momento en el que son utilizadas realmente sería desgastante. Así que por lo pronto lo dejaremos así. ¿Recuerdan alguna más?

abril 29, 2009

¿Son idiotas o no tengo criterio?

Estuve leyendo detenidamente el correo -que añado abajo- que me han enviado (ya ha llegado por varias vías) y me parece una ofensa a la inteligencia de las personas y un peligro.
¿Cómo es posible que crean que la enfermedad de la influenza porcina beneficiaría a los empresarios? ¿creen que esté beneficiando a los restauranteros, dueños de escuelas, de antros, bares y cantinas, la gente del teatro y de los cines, de los museos, a los empresarios, personal y pueblos enteros que viven del turismo?
Ahora, eso de que son los miembros del Grupo de los Siete los que han levantado primero un cerco sanitaro es falso. Los primeros países en prohibir vuelos a México fueron Cuba y Argentina; hay infectados en Costa Rica, Nueva Zelandia, España, Israel (que no pertenecen a ese grupo selecto de los más industrializados), además de Estados Unidos (donde reportan más casos comprobados de infectados en el mundo) e Inglaterra (Escocia en específico). Se investigan casos en China, Suecia, Dinamarca, Honduras, Brasil y un laaaargo etc...
Además la industria farmacéutica tiene problemas iguales o menores que otras muchas que son más importantes en el rubro económico (como son la vivenda o el sector automotor, al que por cierto están analizando si rescatar o no y sino pregúntenle a Chrysler aquello de que "tal vez no valga la pena evitar su quiebra").
Otro aspecto es que México no es el mejor país para que se difundan al mundo personas intectadas, para eso son mejores Francia, España, Italia, Estados Unidos, Japón, India... por el número de personas que acuden a dichos sitios
En cuanto a los nombres de los retrovirales están por todos lados

Así que, por favor, no envíen datos que sólo generan rumores, malinforman, crean desconfianza. Comprendo que duden de las cifras, de las acciones el gobierno, de mil cosas, pero no está demás actuar con inteligencia, con prudencia y tomar algunas decisiones para prevenir... aunque sólo sea "por si las dudas". ¿No lo creen así?

Saludos a todos

Eva
PD. Germán Dehesa no escribió esto... y creo que no tengo criterio, según dice esta nota falsa, pues yo creo que quienes difunden esto son idiotas.
(aquí el correo electrónico en cuestión)
APARENTEMENTE VIENE DE GERMAN DEHESA. SOLO PARA GENTE CON CRITERIO

Saca tus propias conclusiones

El pasado 2 de abril durante la reunión del grupo de G7 integrado por EU, Reino Unido, Canadá, Alemania, Italia y Japón se dieron 2 conclusiones fundamentales.


1- La economía mundial necesitaba un cambio


2- El FMI. Destinaria 500,000 millones de dólares para ayudar a las economías emergentes, (países pobres dispuestos a colaborar) pues bien los dados estaban en el aire.


3- Luego vino la reunión privada del presidente Obama y Felipe Calderón el 16 y 17 de abril.


Sorpresivamente el jueves 23 de abril el presidente de México convoco a una reunión de emergencia con su gabinete, y por la noche el secretario de salud José ángel córdoba Villalobos anunciaba en cadena nacional la aparición del virus de la influenza, y las medidas inmediatas como la suspensión de las clases a todos los niveles en el DF y el estado de México.


El 24 de abril el G7 declara la economía mundial debería ponerse en marcha este año y que se
lanzarían todas las acciones necesarias. Finalmente lunes 27 de abril la empresa farmacéutica


Sanofi Aventis anuncia que inyectara 100 millones de euros en una nueva planta de vacunas y donaría 236,000 dosis a México como apoyo al control de la enfermedad.


De todo lo anterior veamos lo siguiente:


1. Desde hace más de 2 años la industria farmacéutica a nivel mundial tenía problemas financieros por la baja en la venta de medicamentos.


2. Si no creas guerras crea enfermedades (la economía mundial debería ponerse en marcha)


3. México perfecto trampolín para lanzar la enfermedad, de aquí saldrían turistas a diferentes partes del mundo, curiosamente los países que reportan enfermos que estuvieron en México, y que están reforzando su cerco sanitario son los países que integran el G7 que raro.


Lo que pasara esta semana que viene.

Muy probable la suspensión de actividades en todas las empresas del DF y Estado de México, ya las clases se suspendieron hasta el día 6 de mayo, donde el gobierno hará un análisis de la farsa y vera conveniente el que siga, o la declaración tan estudiada "gracias a las medidas que se tomaron a tiempo y el apoyo de la ciudadanía pudimos controlar la enfermedad"


4. Ponte a pensar de que se está hablando a nivel internacional ahora ¿del virus o de la crisis
financiera?. Esto de antemano es un alivio para el banco mundial y las bolsas del mundo.


Si alguien debate que con el paro México perdería mucho, pues no, para eso es el fondo que destino el FMI, e imagínate las ganancias de la farmacéutica a nivel mundial, y como lo acaba de anunciar el Secretario de Economía de México por dinero no paramos para combatir la enfermedad,

y por último los empresarios considerarían este paro un alivio y muchos vivales como siempre pagaran la mitad a sus empleados.


El presidente anuncio que la enfermedad es curable, y siempre nos manejan cifras a medias ¿donde están los muertos y donde están concentrados los enfermos?,
Analiza los siguientes puntos:


1. Si realmente es tan contagioso, ¿cómo y donde están las familias de los muertos?


2. Si la influenza porcina es una mutación del virus original de los cerdos, entonces el brote de la infección debería haber comenzado en el campo y no en la ciudades.


3. ¿Por qué no han mostrado una entrevista con algún enfermo? (he visto que entrevistan a familiares, diciendo que su familiar esta enfermo y que ya está estable gracias a los medicamentos, pero si el familiar ha estado en contacto directo con el virus que lo lógico no es que esté enfermo o en cuarentena?)


4. Por qué no han dicho el nombre del retroviral que esta "curando" a la gente enferma?



marzo 18, 2009

Regalos de Navidad

Era su primera Navidad consciente y yo, como buena madrina de bautizo, esperaba que pidiera algo educativo, divertido y bonito pero al alcance de mi presupuesto. Jamás pensé que aquel chico serio y tranquilo me fuera a meter en tal lío.

- Paquito, ¿qué le pedirás al Niño Dios esta Navidad? –pregunté para sondearlo, con la idea de que pediría un carro, un muñeco, algo normal.
- Ya sé qué quiero, le pediré topes –respondió tan tranquilo.
- ¿Topes? ¿Cómo que topes?, ¿para qué los quieres? –respondí asombrada.
- Pues para mis carritos –contestó con cara de “¿para qué otra cosa son los topes?”

¡Santa Madre de Dios!
¿De dónde iba a sacar topes?, ¿de cuál querría?, ¿de esos largos con rayas, de los que parecen montañas, de los que parecen tortuguitas en fila?
Eran mil las preguntas que no sabía responder... y así comenzaron a pasar los días sin que la “achichincle del Niño Dios” (como explicaban los niños de mi hermana la existencia de Santa Claus, los renos, los duendes y compañía) supiera qué hacer.
Total, que tres días antes de la fecha fatal se me prendió el foco. Encontré una tabla de lo que un día parecía haber sido un tablero de ajedrez, compré plastilina epóxica (mejor conocida como Kola Loka), pegué unas líneas largas y con pinturas Vinci las adorné de distintos colores.
La mañana del 25 de diciembre fue inolvidable por dos razones: primero por la felicidad de ver al chiquillo de dos años inmensamente feliz con sus topes para carritos y la segunda por una tremenda regañada de mi papá, pues resultó que ese tablero había sido de mi bisabuelo José María Pino Suárez y era lo único que tenía de él.
¿Ya qué iba a hacer? Ni modo que le quitara el tablero al niño, así que sin otra opción se le quedó y lo usó tanto para sus cochecitos como para él y su hermano cuando aprendieron a andar en bicicleta. Adiós tablero de ajedrez.

El año siguiente, con un Paquito más vivaracho y con cada vez más muestras de su inteligencia, nuevamente me acerqué a sondearlo con la ilusa idea de que ahora sí pediría algo más normal, como un cohete espacial o una visita a la aldea de Santa, ¡qué sé yo! Lo dicho, era una ilusa idea.

- ¿Qué onda, Paco, ya sabes qué pedirás al Niño Dios? –interrogué pensando que ya no pediría topes, ni semáforos, ni nada que se le pareciera.
- Mmmm, pues sí. Quiero un traje de nutria –contestó tan campante.
- ¡Quééééé! ¿A poco sabes qué es una nutria? ¿Y para qué lo quieres?–le interrogué con la perspectiva de un interminable ir y venir por tiendas o, de plano, una nada grata idea de comprar peluche y coser toda una semana.
- Pues para disfrazarme de nutria –respondió con esa simpleza infantil que a los adultos nos deja sin palabras.

Si la prueba de los topes había sido grande, imaginen lo que en ese momento sentí. ¿De dónde iba a sacar un traje de nutria que no fuera a parecer castor, marta o cualquier otra sabandija de ese estilo?
Afortunadamente sus padres lo escucharon y he de agradecerles para toda la eternidad que durante varios días literalmente le “lavaran el cerebro” con otras ofertas tentadoras que al final se impusieron. Paco abandonó la idea de tener un disfraz de nutria y yo le regalé algún juguete didáctico de esos que le fascinaban a su insaciable sed de conocimiento.
Meses después le pregunté qué había pasado con el disfraz de nutria, a lo cual el pequeño respondió que no lo quería porque se dio cuenta que no iba a poder utilizarlo.
- ¿Para qué lo querías? –lo interrogué aliviada y curiosa.
- Es que en televisión vi un programa en el que un bebé nutria jugaba con su mamá en el agua, y yo quería disfrazarme también para jugar con ellos y que la mamá nutria me acariciara como a su bebé.


Bendita infancia que todo lo ve tan simple como disfrazarse para jugar con otros.

marzo 09, 2009

Feliz flojera

Todos vamos en el camino...
sólo tú sabes cuál seguir. este me llevó a Roma

La bella Ciudad de los Palacios

¿En qué piensa uno cuando tiene cinco o seis años?


Los amores más grandes en este hermoso planeta. 2006



Amigos de ayer... amigos de siempre
He tenido flojera, sí, un ataque fuerte de flojera que me ha impedido escribir.
Ultimamente he tenido muchas oportunidades para recordar cosas y sobre todo ´personas con las que he convivido en alguna etapa de la vida. Así que la vida se me ha ido más en recordar que en innovar.
Sin embargo, como no quiero dejar de aparecer por estos lares, pues he decidido compartir con ustedes algunas imagenes. ojalá les gusten.

Feliz flojera a todos.















Feliz flojera a todos.










febrero 07, 2009

Dulces recuerdos

Oyendo a Iñaki Manero el viernes en 88.9 tuve una regresión fantástica a aquellos años en los que no importaba qué comieras, ni si te podría subir los niveles de azúcar, triglicéridos, colesterol, si tenía demasiados conservadores, exceso de sal o de chile, sino cuánto dinero podías juntar para comprarte todo lo que se pudiera en la tiendita.
Lo más grande en este mundo era poder ir a la cooperativa de la escuela y comprar tantos dulces como pudieras, pensando no sólo en ti sino en todos los productos que podrías invitar a tus amigas.
Recordé esa sensación porosa y dulce de las Esponjas (las amarrillas, mis favoritas), o de los Kippis saladitos, del fabuloso Tin Larín, el extraño sabor a vino de los chocolates Postre que abuelita Tencha nos repartía cada domingo, así como unos quesitos en forma de triángulo que sólo ella sabía dónde se vendían y los balones de futbol rellenos de rompope.
Me encantaba comprarme Pitzerolas, las rockapiedras o piedrulces, así como los duvalines y las nucitas. Era típico beber el Frutsi de uva por el fondo de la botella de plástico, que mordíamos para hacerle un hoyito, luego de un rumor que aseguraba que las tapas metalicas tenían plomo y por eso no se debían que quitar. Creo que aún existen pero no los he probado pues prefiero imaginarme que aún son lo más delicioso del orbe y no darme cuenta de la realidad.
Había un polvito de chile parecido al Miguelito pero la bolsita era vertical, delgadita… ¿alguien recuerda cómo se llamaban? Algo como Tiki-tiki. ¿Y esas piedritas que te metías a la boca y en cuanto tocaban saliva comenzaban a brincar?
Mi mamá nos repartía verdaderos tesoros: los Salvavidas y Paletones, además de unos dulces chiquitos, como los Nerds pero venían en una cajita en forma de bote de leche.
También me atraganté con los Aciditos (como piedritas verdes que realmente te hacían hacer muecas), los Nerds, las cazuelitas naranjas (creo que eran de chamoy), los Seltz soda que ahora sólo veo en las piñatas de fiestas infantiles y que trataron de imitar con Burbusodas.
Cuando tenías poco dinero o de plano no querías guardar ni un centavo compraba los baratísimos Bocattis y gelatinosas Velitas.
De paletas había una gran variedad de formas y sabores: las de semáforo, las de mango y elote con una cantidad impresionante de chile, las Palelocas con caras chistosas, unas sexagonales enchiladas Luxus –yo prefería la de tamarindo o la de mandarina- y las mejores, las de coca-cola.
Por cierto, cuando iba en la primaria llegó a vivir cerca de mi casa una peruana que no podía concebir que hubiera paletas de chile, creo que eran Ricaletas; creo que a mí me picaban mucho más las de mango, pero ella lo veía como fuera de toda lógica.
Recuerdo que los Toblerone eran carísimos y si te compraban uno sólo te tocaba un triangulito pues había que repartirlo con las hermanas; eran típicos en las dulcería del cine, al igual que las pastillas Pez en un despachador con carita de personaje de Disney, o las lunetas.
Los que no me gustaban eran unas tiras largas largas, como mangueras, que mi papá con mucho esfuerzo nos llevaba y sólo por eso nos las comíamos; tampoco me gustaban los Tarugos, los Cazares, las paletas de cajeta, los Chiclosos, el Perk o Kool-Aid, los chicles Canel´s, los Muelones ni las peritas de anís.
De esa época eran también el Quesito mío, los helados Danessa 33 que te servían en cascos de futbol americano, las hamburguesas de Tom Boy o Burguer Boy y las fabulosas paletas de piñón de Manhattan (¡yuck!) que mi papá mucho tiempo nos hizo comer como condición para comprarnos paletas heladas y que luego se reía de nosotros porque según él lo decía de broma y todas caíamos.

febrero 03, 2009

Adjetivos descalificativos

¿Se han dado cuenta que la creatividad popular para poner apodos alcanza grados superlativos cuando la víctima es un familiar?
El origen de la burla puede ser una palabra mal dicha, una característica corporal, una adaptación del nombre de pila desvirtuado, una semejanza a otro ser vivo o inanimado o simplemente ganas de fastidiar.
Aunque se podría pensar que la cifra de motes es directamente proporcional al número de integrantes de la familia, lo cierto es que la cantidad de apelativos se diversifica sin seguir una lógica matemática.
He aquí una recopilación de los más usados, a ver si logran identificar el quién es quién, sólo daré algunas pistas: Cristina es la que más sobrenombres da, pero su forma de ser también la hacen blanco de los más chistosos adjetivos descalificativos; Gualus es la feliz poseedora del mayor conjunto de alias; en algunos casos se incluyen apelativos extramuros (esto es, importados de otras fuentes ajenas al núcleo familiar).
Para ocultar (al menos lo más que se pueda) la identidad de los afectados, se aclara que están totalmente revueltos, además de que están escritos como se dicen.
Así Aputzi o Papirringo y Mutita, Muti o Blanca Nieves dieron origen a los güeritos o las Josecitas (antes de Pablo), de quienes surgieron varios grupos delincuenciales… perdón, grupos familiares: los Anubis, los Avisporritos y el clan Pegoste, así como otras dos ramas a las que no se ha definido aún qué marca registrada usarán.
Como miembros de esos selectos grupos están Mojojojo, Bicho, Canina, Mi-jamón, Bor, Chenchis Kan, Sopita o Sopa Rancia, Miss Privada, Everredy, Quinina, ***quiqui Tairon Pagüer, Mortiana, Pavito Coché, Berta, Mijo, Cástor (en desuso), el tractor, la Sargento patotas, ***ky Brewster, Manana bebé y Palo.
También pueden ser evocados Dino, María Hussein, Yo, ***sulfurita, la Gobernadora, Avisporra, Panza de hule, la Señorita Cara de Pizza, Milú, Mojo, ***bush, Chilly, Kish, ***kiki, Balú, Bond, la Imaginación, Tristona, ***chimilco, Flais, Pólux, Godzuki, **oncia, Cretina, Toqui, tía Pelucas, Bones y Gazú,
Otros titulos nobiliarios concedidos por habilidades y peculiaridades son la Besucona, la encuentrayuno, la Casco Azul, Cabecita Olmeca, Miss Premio Nobel, Koblenz,
Entre las últimas adquisiciones están Pacotorro, Chemiramis, Pildorita, el Engendro, Gusifer, El Tesorito, Mokish, Sonrics, la Primpesa, el Pegoste y la Gnomo.

¿Quién da más?
(***: se omite el nombre para evitar su identificación jajaja)

enero 23, 2009

Me uno al "meme"

Creo que Gaby me envió esto desde el siglo antepasado, pero bueno, ahí voy.

Las reglas:
1.- Poner las reglas en tu blog.
2.- Compartir seis cosas que me gusten y seis que no me gusten.
3.- Elegir seis personas al final y poner los enlaces a sus blogs.
4.- Avisar a estas personas dejando un comentario en sus blogs.

Lo que me gusta:
1. Me gusta estar con mi marido aunque dé lata, grite sólo "porque así es mi voz", se burle de todo lo que esté a su vista -aunque fume rigurosamente sus 20 cigarros al día-, que se ría tan fuerte que el edificio tiembla sólo porque una figura de caricatura saque la lengua o se caiga. Me gusta abrazarlo, besarlo, hacerle cosquillas, y llamarle "payaco, odioco y miedoco".
2. Me gusta tomar fotografías, buscar el mejor ángulo, congelar aquella imagen que NADIE más tendrá nunca, que me recuerde ese momento de alegría, de magia; que me enseña la belleza de una piedra, de una araña, de una puerta, de un paisaje o de un rostro -familiar o no, pero que seguramente tiene algo qué decir-. Y me encanta llevar a revelar las fotos (sí, soy de esas personas a la antigua que prefiere tener el papel en la mano y no guardarlas en la PC), sentir la cosquilla de saber si quedaron bien las fotos, si hay alguna que valga la pena imprimir siete veces más para repartirla entre los interesados.
3. Me gusta inventar historias de las cosas que están a mi alrededor, de esa persona vestida de negro y mirada de sepulturero, de aquel perro que corre como desaforado mientras su dueña intenta alcanzarlo. Incluso con las placas de los vehículos, me entretengo formando palabras con las letras de las matrículas -en el orden en el que están- y luego me elucubro historias o diálogos que incluyan ese término.
4. Me gusta jugar con niños, muchos niños. Me da la oportunidad de hacer aquellas cosas que si un adulto haría solo lo verían como enfermo mental o loco, me permite reírme en el suelo hasta que me duela la panza, brincar en las camas, correr como deseperada fingiendo ser monstruo, sentarme a ver películas cursis y hacer lo que me pide la caricatura en cuestión (como aquella vez que vi los Cariñositos y pedían que deseáramos norecuerdoqué -claro, ahí estaba la grandulona diciendo sin parar "Lo deseo, lo deseo"-).
5. Me gusta ver los árboles, las formas locas de sus ramas, planear su subida hasta la copa aunque no lo ponga en práctica, imaginar a cuántas personas dará sombra, ver si por fin llegó el "verde primavera" a sus hojas. Me gusta la belleza de los árboles.
6. Me gusta leer libros, revistas, letreros, matrículas de autos, páginas en internet, mensajes en los camiones que van por la carretera, publicidad en lápides y plumas. Sólo me gusta leer.
7.- Por puro capricho pondré un séptimo punto. Me gusta mojarme con la lluvia, caminar despacito mientras la tormenta empapa todo. Me pone de excelente humor.

Lo que no me gusta:
1. Me molestan terriblemente las groserías, los insultos, las ofensas, las blasfemias, toda palabra dicha con el fin de agredir.
2. No me gusta que me asusten. Eso incluye ver películas de horror, que una persona se esconda para gritarme al momento que pase junto a ella, que me cuenten cosas inventadas para burlarse de mí, sorprenderme o ver mi reacción, o el programa de televisión Historias de Ultratumba, al que por cierto mi marido es aficionado.
3. La cebolla. Simplemente no la tolero.
4. No me gusta hacer labores domésticas, llámese barrer, trapear, lavar ropa, fregar pisos, aspirar, sacudir, limpiar el baño y el largo etcétera al que estás obligado cuando estás a cargo de tu vivienda.
5. No me gusta ir al médico. Me aguanto el dolor o la molestia hasta que ya no pueda más o me obliguen a acudir con el galeno respectivo.
6. Tampoco me gusta quedarme sentada mientras todo el mundo baila y se divierte en una fiesta. No me importa no saber bailar, tampoco si me están viendo, no me importa si mi pareja es mi hermana, tía o prima. A mí me gusta bailar.

Listo Gaby, ya cumplí.

enero 17, 2009

Decisión filial

Cuando tenía 12 años decidí que de grande iba a tener 20 hijos, todos varones, y hasta nombre les puse: Nabucodonosor, Asurbanipal, Asdrúbal, Aníbal, Atreyu, Falkor, Macumazahn, Bogwan, Phileas y hasta Medio Brooke… Creo que el único nombre “normal” sería Emilio, y todo porque no podría ponerle Roccanera ni señor de Ventimiglia o de Valpento.
Todos tenían que ver con hechos históricos o libros de aventuras. En ese entonces me hubiese gustado casarme con un señor Yáñez, sólo porque llevaran el nombre de mi ídolo, el “sahib” blanco, aquel portugués flemático amigo de Sandokan.
En ese entonces no comprendía porqué todos me veían con cara de horror o de plano se reían de mis planes. Pobrecitos de mis hijos.
Finalmente crecí, cambié de opinión, me casé y comenzamos a pensar en otros nombres. Las condiciones son que no se repita con ningún familiar de Gus o mío, que a ambos nos agrade y que la combinación de nombre y apellido no suene a revolucionario.
Hasta la fecha me sigo inclinando por tener sólo varones, pues siempre he creído que con cinco hermanas, cinco tías, cuatro primas, cinco tías abuelas, cuatro sobrinas y dos abuelas es más que suficiente para poblar al orbe de mujeres.
Por lo anterior fue más fácil definir los nombres de los hijos varones que eventualmente tendríamos Gus y yo, que escoger lo de mujeres. Y de los primeros nombres mencionados el elegido fue Bruno. Bruno Bernal Ponce.
Entre mi marido y yo decidimos que no suena mal, es fuerte, no parece que lo lleve un general o un soldado revolucionario… todo bien. El primer lío fue cuando en mi familia se enteraron de la selección.
- Noooooo, Bruno es nombre de perro –fue el comentario de mis hermanas, recordando aquel perro de la película Los Aristógatos.
- Pues no me importa –respondí-. Ese nombre nos gusta y así se llamará el primogénito.
Y en verdad no nos importaba el comentario, las burlas o las indirectas, ya lo habíamos decidido. O eso creíamos, hasta que fuimos a casa de unos amigos y de repente la hija mayor anunció que su novio le había regalado un perrito.
- Decidimos ponerle Bruno –comentó la adolescente-, y como mi novio se apellida Bernal, pues el perro se llamará Bruno Bernal.
Ni hablar, creo que deberé nuevamente pensar si Nabucodonosor Bernal Ponce podría brillar en sociedad.

noviembre 25, 2008

el rey de las manías

Mi abuelo era el rey de las excentricidades y las manías, Jamás podré olvidar esas visitas a su departamento, en el que teníamos prohibido pisar dos mosaicos del piso porque estaban cuarteados en forma de cruz y no podíamos poner los zapatos sobre "una cruz como en la que murió Jesús".
Ir al baño era toda una maniobra. Para empezar en cuanto llegábamos a su casa debíamos pasar directamente al baño, tomar un jabón y lavarnos las manos con el agua de la llave, pues teníamos las manos "sucias de la calle"; después era preciso que tomáramos otro jabón, "el de casa", y nos enjuagáramos con agua hervida que tenía a un lado en una palangana, pues ya estábamos dentro y no quería que lo ensuciáaramos con bichos de afuera.
Una vez que hubieras utilizado la taza del WC era indispensable primero jalarle a la palanca para que se vaciara la caja y después echarle una cubeta de agua hervida que tenía preparada para esos casos. Una vez más, la razón eran las bacterias.
Y si tenías hambre o él quería invitarte a comer algo en su casa, debías pensarlo seriamente o no esperar algo suculento, pues almacenaba todas sus mañas en el refrigerador.
Era ahí donde guardaba sus platos, vasos y cubiertos a los que, por cierto, no había lavado con agua y jabón como en el resto del orbe; noooo, eso sería terrible, en lugar de actuar así él limpiaba primero todo con servilletas de papel y después los enjuagaba con alcohol; una vez libres de bacterias, todo iba a dar al refrigerador.
Claro, ahí no cabía nada de comida, y tampoco pretendía juntar los utensilios de comida con los alimentos, ¡cómo creen! Esos debían permanecer en el congelador.
De ese extraño sitio recordamos con ternura y frío unas salchichas que agarrábamos con servilletas, pues nuestras manos eran incapaces de mantener asidos esos tubos congelados, que era imprescindible raspar con los dientes si querías "saborearlos", pues no había modo de cortar un pedazo con los dientes, mucho menos masticarlos.
De ahí también salía queso congelado, pan congelado, jitomates congelados, carne para hamburguesas congelada y, algo que nunca faltaba, tabletas de chocolate Abuelita... desde luego congeladas.
Pero lo peor era beber leche, pues una vez que la sacaba del congelador la dejaba hervir hasta que se desparramara por la hornilla y una vez hecha la "pasteurización doméstica", la dejaba nuevamente chorrear para estar completamente seguros de que estaba lista y apta para ser ingerida.
Las manías no paraban con las bacterias. Recuerdo muy bien estar frente a su biblioteca dispuesta a leer cualquiera de esas joyas cuando me dijo "nunca leas novelas, no sirven para nada. Mejor lee libros de filosofía, de religión, de ética o de cooperativismo, eso sí te servirá en la vida". ¿Se imaginan su cara cuando le dije que iba a estudiar periodismo" Jajajaja

Qué vida aquella, ante su recuerdo sólo queda sonreír y pensar "te extraño, abuelito"... aunque también podía quedar la frase "qué extraño abuelito".

noviembre 07, 2008

Dolor en el alma

Hacía muchísimo tiempo que una semana no me dejaba así, apaleada, temerosa, con mil detalles en la mente que quisiera jamás haber sabido… mucho menos imaginado.
A muchos les parecerá cursi, absurdo o ridículo que una noticia como el accidente aéreo en el que murieron el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y otras 13 personas me halla afectado tanto, sobre todo después de trabajar durante tantos años historias de horror, guerras, accidentes, matanzas, violencia individual y en masa de todos los niveles y extremos.
A lo mejor sólo es que estoy cansada, o que ya estoy harta de decir “sólo hubo tantos muertos, no estuvo tan grave como cuando pasó xxx, esa historia se repite aquí y en otras partes del orbe, ese caso en una semana nadie lo recordara”.
Entonces creía que era demasiado desalmada, fría, indiferente y ajena al dolor. Muchas veces fui al confesionario buscando un consejo para no sentir y pensar así. En Roma lo encontré. Un padre fue categórico al decirme “Pues Cristo murió por cada una de esas personas”.
Sé que algunos sonreirán y dirán “qué mocha, ¿a poco eso fue suficiente para que dejaras de pensar así?” Pues sí, fue suficiente.
Y esta semana sentí cada una de las muertes, de los heridos, del susto, de la incertidumbre, de los traumas de los testigos, del terror de cada persona y del miedo colectivo.
Me pesa en el alma saber lo que los policías, rescatistas, médicos y bomberos tuvieron qué ver y hacer; me pesa lo que los investigadores están hallando en la zona donde cayó ese Learjet 45 (qué palabras aprende uno en estos casos, ¿no?); lo que los forenses están tratando de hacer para regresarle a familias golpeadas lo que quedó de sus seres queridos… si es que hallaron algo.
Pero no sólo fue el accidente aéreo.
Son los asesinatos de cada día, la violencia del crimen organizado, de las personas que movidas por avaricia, ira, venganza o ansias de poder cometen actos repulsivos que van desde el robo y los fraudes hasta la tortura y los ataques a la honra de las personas.
Es la muerte de personas por el choque de un jet en una zona muy concurrida de la ciudad; las acciones de criminales; las propuestas para aceptar aberraciones como los abortos y los matrimonios entre homosexuales; la iniciativa de legalizar las drogas; la histeria y el terror colectivos que hallaron una válvula de escape en una fuga del aromatizante para gas; las matanzas en Congo; el derrumbe de una escuela en Haití. ¡Caray, hasta la amenaza de un huracán que aún no hace nada!
Y a eso se le suma el cansancio del día a día, el hecho de tener que lidiar con gente que no respeta a los demás, con trabajadores que te quieren ver la cara, con jefes a disgusto con la labor del día, con vecinos que pretenden que tomes partido… Sí, estoy cansada.
¡Gracias papá Dios por estar conmigo!
Es en Él en quien he logrado hallar paz y consuelo. ¿Cómo no iba a ser suficiente?

noviembre 01, 2008

Calaveritas familiares


Gualusilla se reía
al ver a todos correr
para intentar evadir
su partida al inframundo.
“¿De qué te ríes, chiquilla?
-preguntaba la Dientona-
¿no ves que también te
toca, aunque no quieras salir?”
Jaja, respondía Gualusilla,
sin poderse controlar,
“no me río de mi destino,
sino de tu facha fatal,
¿no ves lo ridícula que andas
con sombrero y sin pañal?”

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La Huesuda tuvo a bien
dejar a Pablo al final
al fin lata no iba dar
cuando viniera por él.
Pero eso creyó la Flaca,
quien no hizo su cálculo bien
y cuando por el chico vino
a sus ciberfans debió enfrentar.
“No te lo lleves, Catrina,
déjalo un rato más,
¿no ves que si te lo llevas
no habrá con quién jugar más?”

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Otro difícil de atrapar
sin duda Luis Manuel será,
pues lo mismo podría estar
en el Centro, en Ecatepec o en Hawaii.
La Muerte enfadada está,
ya no quiere a otro perseguir
mejor lo aguardará
en la cocina de su hogar.
El peligro, sin embargo,
es que Luis se ponga a cocinar,
pues con lo rico que prepara todo
la Dientona todo tragará
y ya no podrá su labor continuar.

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Un huracán a lo lejos
la humanidad vio llegar
temiendo que fuera la Muerte
todos a sus casas fueron a dar.
Pero esta vez no fue la Parca
la que causó el estropicio,
fue el loco de Chema
con su singular actuar.
¡Quién lo iba a imaginar,
que la Calaca escapara
de un chico tan singular
que ni a ella respetaba!

octubre 24, 2008

Absoluta felicidad

¿Alguna vez se han divertido tanto que han debido olvidarlo para seguir viviendo en paz en el presente sin quedar atados al pasado?

Yo escarbo en mis recuerdos en búsqueda de aquella vez que aprovechando alguna ausencia de mi mamá sacamos el colchón de una cama, acostamos a alguno de los hermanos en él, la “envolvimos” en el colchón cual quesadilla, agarramos las esquinas que quedaban hacia abajo y echamos a correr por als escaleras de la casa arrastrando el bulto del que dos pisos abajo salían carcajadas, quejidos y una cara de absoluta felicidad.

O cuando simulábamos, sin querer, ser una bandada de bandarlogs, el pueblo sin ley que formaban los monos en el “Libro de la selva” del maravilloso Rudyard Kipling.
Los clósets de nuestras recámaras eran enormes, de pared a pared y de techo a piso, con cuatro o cinco puertas que literalmente usábamos de lianas. Nos trepábamos a la parte alta, nos sentábamos en las puertas y nos empujábamos, abriendo y cerrándolas para ir de una esquina a la otra, siempre sentadas en las puertas, que aún no comprendo cómo no se vencieron por el peso de siete escuincles vocingleros.

También podíamos estarnos quietas, sentadas las largas horas de la tarde, calladitas… con las tijeras en una mano y las revistas de mi mamá en la otra.
Primero escogíamos quién iba a ser el papá, la mamá, los abuelos y los 15 a 20 hijos en promedio por jugadora, que casi siempre se limitaban a dos: Mariana y yo.
Luego de formar la familia, escogíamos por turnos las recámaras, un cuarto por hijo; salas, comedores, cocina, salón de juegos, gimnasio, automóviles, chimeneas y cuanto mueble es anunciado en panfletos, revistas de moda, y hasta en National Geographic. Ya decidida la vida, comenzábamos la matanza.
Nunca entendí porqué mi mamá hacía tanto alboroto cuando hallaba sus pedazos de revistas y a las dos hermanas hartas de cortar y “arreglar las casas” jugando en la calle mientras las familias se quedaban tiradas en el suelo, abandonadas y sin viso alguno de que fueran a jugar con ellas. El chiste sólo era escoger y cortar, lo demás ya no importaba.

Historias de juegos tengo por miles… algunas las tengo presentes y otras, la gran mayoría, me las recuerdan mis hermanos, pues yo en alguna etapa de mi vida decidí meterlas bajo 27 llaves para no añorar esa vida por el resto de los años que me quedan, que calculo sumarán 93 para no perder la tradición familiar.

¡Ah, qué feliz he sido!

octubre 13, 2008

Estoy hueca

Estoy hueca. Tengo días pensando sobre qué escribir, alguna anécdota, algún recóndito pensamiento, algo de algo… pero nada.
Estoy hueca y no sé porqué. Ni me agrada, ni me molesta, sólo me confunde. No suele pasar, pero cuando me vacío no hay forma de llenarme sino es por algún detalle de esta mi vida que nada tiene de loca.
Estoy hueca. No importa que naciera Valentina, que un nuevo bebé esté por ver el cielo, que se haya dado de gritos durante El Grito, que cambiara mi horario. No importa, sólo sé que estoy hueca.
El único remedio para esta oquedad está a 10 pasos de mí, clavado en una silla sintiéndose Niky Lauda… pero creo que no sabe qué poder tiene sobre mí. Ni modo, seguiré hueca.

septiembre 29, 2008

Machete sobre ruedas

“Estuve a punto de matarlo, pero había demasiada gente y no pude hacerlo”, comentaba risueño el taxista, hombre de 76 años, voz cascada e inquieta mirada.
Aunque a golpe de vista parecía serio, con la tranquilidad propia de una persona que lo ha visto casi todo y que ya sólo espera el reclamo de la naturaleza, que toma lo que parece nuestro pero que nunca dominamos, lo cierto es que su espíritu combativo salta en cuanto oportunidad hay.
Dicharachero y hasta coqueto, cuenta con orgullo sus aventuras al volante. Como aquella vez en que un par de jóvenes quisieron asaltarlo y para quitarle sus pertenencias le mostraron un cuchillo.
El anciano, que en ese entonces ya lo era, respondió sacando de abajo del asiento un largo machete para la siembra que en su juventud había sido herramienta y ahora era defensa. Los agresores escaparon, dejando en el carro su arma, su fama y el fruto de sus atracos.
Otra vez, el machete fue su lanza y el vocho verde, su Rocinante. Caballero de la Triste Figura, más por facha que por complexión pero tan osado como el hidalgo de La Mancha, vio de lejos cómo dos automóviles emboscaban a otro y tres malencarados pretendían plagiar a una joven. Nuestro aventurero en ruedas les lanzó el carro, bajó con su arma y espantó a los malhechores, tras lo cual recogió a la aterrada Dulcinea y la puso a buen recaudo, olvidando en su aventura al impactado pasajero que aguardaba en el taxi el fin de sus andanzas.
Dos veces le han asaltado: su machete fue inútil contra la pistola junto a su sien y contra dos drogadictos que lo llevaron hacia su pandilla para golpearlo hasta dejarlo inconsciente.
Una vez recuperada la salud pretendió recobrar su orgullo yendo a buscar a sus victimarios. Preguntando por ahí se enteró que uno había muerto en la cárcel y el otro deambulaba por el barrio. Su oportunidad para cobrarse el susto surgió al hallarlo durmiendo la mona en una banqueta.
“Pensé en pasarle el coche por encima, pero había público y no me atreví”, comenta aún enfadado el infeliz aventurero, que recorre la ciudad acompañado por su machete y sus ansias de servir.

septiembre 10, 2008

Absurdos infantiles

- "Cuando yo sea grande quiero ser Narcisa": una niña de 4 años hablando sobre la empleada doméstica.

- "Mamá, ¿verdad que don Pablo es mi abuelito": otra niña de 6 años que así manifestaba su amor por el jardinero.

- "Ya sé lo que seré de grande. Primero voy a ser sacerdote, luego obispo, luego cardenal y finalmente llegaré a Papa": algún chico amante de Dios pero del todo alejado de la teología.

Ahora unas traducciones al lenguaje de los peques:
1.- patrullar: atropellar
2.- coboloto: columpio
3.- ¡ságolo!: déjalo (un hermano defendiendo al otro de sus amieladas tías)
4.- tonterería: tintorería
5.- lete: leche
6.- primpesas: princesas
7.- cocótero: helicóptero
8.- pata de conejo: rábano (aún no comprendo porqué)

Algún día intentaré escribir una historia con esto, pero hoy no tengo idea qué hacer con esta cultura infantil.

Saludos

agosto 26, 2008

La suma de las Bellas Artes

En el ser y en el hacer de mi madre siempre han estado presentes cine, música, danza, literatura, arquitectura y, por encima de todas y la que forma parte de su esencia por vocación, la pintura.
No recuerdo momento alguno en el que ella no tratara de hacernos sentir la vida a través de la mirada de alguno de esos grandes hombres cuyos nombres perduran por su creatividad y su virtuosismo, o de aquellos desconocidos que tuvieron la sensibilidad de dejar al hombre su visión.
Cada uno de ellos ha impreso su sello en ella, la ha envuelto y la ha convertido en una inspiradora musa.
Por eso considero que ella es la dulzura de Debussy en el Rincón de los niños, la grandiosidad de Tchaikovsky en su Overtura 1812, la claridad de Fedro Grofé en la Suite del Gran Cañón, el paso marcial de Respighi en Los pinos de Roma y la fuerza de Wagner con El anillo de los nibelungos y su favorita, Tristán e Isolda.
Sin embargo también puede ser la divertida locura del Bule Bule, la navidad veraniega de Mame, la evocadora maternidad de Summertime y el terror de Mussorgsky en Una noche en la árida montaña.
Ahí es donde se funde con el cine y la danza para acabar por convertirse en protagonista de Amor sin barreras, South Pacific, Lo que el viento se llevó, Mame, Erase una vez en Hollywood y todas aquellas en las que participaron Gene Kelly, Fred Astaire, Ziegfield…
También se las ingeniaba para enseñarnos que un detalle puede convertir una simple casa en un templo para admirar. Sus excursiones favorita eran visitar museos, recorrer el Centro Histórico para mostrarnos cómo una piedra, un candil, un mural pueden hablar de historia, de imaginación y de belleza.
Cuando el dinero escaseaba, se conformaba con recorrer las calles y desde la ventana del coche señalar capiteles, cúpulas, arcos y hasta lo que podría considerarse como “la simple herrería”.
Pero no se limitaba a mostrarnos una faceta del arte, pues de un hombre como Miguel Ángel Buonarroti primero nos atraía con relatos sobre su vida, luego alentaba a conocer sus obras a través de libros que convirtió en tesoros, nos fomentó a leer La agonía y el éxtasis (de Irving Stone) y hasta a ver la película con Charlton Heston y Rex Harrison.
Además jamás ha faltado un libro en su buró, pues aunque ahora asegure que ya casi no ve, que se le olvida lo leído la noche anterior y que cada día tarda más en terminar un libro, ella sigue aferrada a las historias atrapadas en palabras.
Su afición por la lectura se mezcló con su habilidad para despertar la imaginación de su prole, por lo cual la otrora amplia biblioteca familiar se ha visto reducida con el tiempo tras lograr que casi todos sus hijos quedaran atrapados en las letras y dividieran la colección que durante años logró hacer.
Por culpa de mamá, la tropa se ha convertido en pirata de Mompracem; ha explorado algunas cuevas siguiendo a Arne Saknussem; ha peleado a lado de Incubu, Macumazahn y Bougwan; dado la vuelta al mundo; se ha calzado los zapatos rojos de Dorothy, llorado con las Cartas de Nicodemo, sufrido con las Noticias de un Secuestro, acompañado a Gulliver y a Marco Polo.
No es de extrañar que los gatos de su familia fueran identificados como Morgan, D´artagnan, Sambigliong…
Sin embargo, por sobre todas las cosas, mi madre es la pintura. La vive, la padece, la transpira. Dejó a un lado las pocas horas de su sueño para sumergirse en el mundo de los pinceles, las marialuisas, los trazos y el carbón.
En algún tiempo incluso convirtió lo que era su mayor placer, distracción y virtusismo en el sostén del hogar. Rápidamente los muros de su casa se convirtieron en sala de exposición y terminó por adornar las casas de hermanos, hijos, amigos, vecinos y hasta desconocidos.
Su gusto por la belleza y su sensibilidad se convirtió en una escuela y por eso considero a mi madre como la suma de las Bellas Artes. Tal vez exagero, pero así la veo.

agosto 20, 2008

Por siempre Barney

Como a toda familia que se digne de ser centrada y medianamente inteligente, aquel famoso dinosaurio de voz alelada y panzón nos caía directamente proporcional a lo que parecía pesar… como una tonelada.
Sin embargo acabó por entrar a nuestras vidas y marcarnos por siempre. Y no es por aquella canción creada al más puro estilo de Cristina (una de las tantas hermanas) que decía algo así como:

“Barney es un dinosaurio
farmacodependiente,
cuando se emborracha
es realmente impertinente.
Fuma de la verde
y le entra al aguardiente…”

No recuerdo el final, pero cómo nos gustaba cantarla cuando veíamos a aquel bodoque barrigón. Ni porque a los sobrinos les gustaba se la perdonábamos.
Pero volvamos a lo anterior… no fue por la pegajosa canción. La culpa la tuvo mi padre, aunque no por que él quisiera.
Cierta vez mi hermana Mariana entró al cuarto donde él estaba viendo la televisión y que, como siempre, quería ver todo y no dejaba ver nada. Ya lo pueden imaginar: sentado en su silla de metal, con un enorme vaso con hielos al frente y “el poder” en la mano. Estaba cambiando de canal cuando Mariana entró… pero ella sólo alcanzó a ver al dinosaurio morado en toda la pantalla.
Ese fue el momento fatal para mi pobre padre.
-¡A mi papá le gusta Barney! ¡A mi papá le gusta Barney! –comenzó a gritar a todo pulmón Mariana con esa típica tonada de niña molestona.
Pobrecito de mi padre, en un momento aparecieron varias cabecitas a su alrededor que acompañaban a la vocinglera hija en un concurso de a ver quién se podía hacer escuchar en el fondo de la calle. Mientras él, desesperado, quitaba semejante fenómeno de la pantalla y aseguraba que no, que sólo le estaba cambiando de canal, que no soportaba al mentecato morado, que era un maricón y que callaran, por piedad, los gritos iban subiendo de volumen.
Claro, todos nos enteramos que a mi papá le gustaba Barney… y jamás pudo deshacerse de él.
Cada vez que aparecía en la tele, toda la tropa aullaba a su alrededor “¡A mi papá le gusta Barney!”, para enseguida entonar la canción del farmacodependiente borracho.
Alguna ocasión mi papá anunció que saldría de viaje, a un retiro espiritual… ¿pero cómo podía irse tan fácilmente y abandonar a SU Barney? No, imposible, algo tenemos que hacer, pensó alguna abusiva.
Ese “algo” se convirtió en un inflable de 40 centímetros de altura que se compró a algún globero en la calle. Cuando ya estaba todo listo para que partiera, alguna mano veloz introdujo el muñeco desinflado en la maleta, “para que no se sintiera solo”.
Al llegar al retiro, las carcajadas de sus amigos no se hicieron esperar. Pero lo asombroso no fue eso, sino que todo acomedido, mi padre infló el muñeco y lo sentó en la almohada para que custodiara su cama. Quien lo conocía no hacía más que sonreír y comentar “ay, este Beto y sus ocurrencias”; quienes apenas tenían contacto con él no sabían qué pensar. La historia del señor Ponce y su dinosaurio trascendió paredes, la casa y yo creo que hasta el estado.
Ese no fue el único paseo de Barney… paseó infinidad de veces, salió de viaje y apareció en los lugares más insospechados: sobre su cama, en la famosa Rodolfina, en la sala mientras oía a su compadre Betho(ven), en el puff donde subía los pies, en el sillón de la sala de su madre, en el cajón de sus calcetines… vaya, creo que hasta en el refrigerador se le presentó. No pudo escapar de él ni estando muerto.
Varios años después de que mi padre falleciera, en una visita a casa de las hermanas de mi mamá, sacaron un álbum de recuerdos, y entre ellos surgió un sobre.
-¡Mira, el sobre de Beto! Como sabíamos que le gustaba Barney, comenzamos a cortar cuanta imagen salía en las revistas para entregárselos algún día. Jamás nos acordamos de tirarlas cuando él murió –comentó una de ellas.
Creo que las carcajadas de sus hijas lo han de haber despertado de su sueño eterno. Hasta muerto el famoso Barney lo fastidiará.